Crisis

La juventud
consiste en celebrar
cada fracaso.

Con todo

Con todo,
un perro duerme a mis pies,
un ángel me guarda las espaldas.

Mis amigos
(William November y el resto)
están de mi lado

y el océano me llega a los tobillos
y puedes irte
a la otra punta del mundo

que nunca llegarás
tan lejos
como yo he llegado:

ni siquiera me hace falta
una guitarra
para romperte el corazón.

El prefijo de tu provincia

Un niño serio
bajando su propia cuesta.
Las estrellas azules
flotando en el desierto.

Mis días se quiebran uno a uno
en el falsete de una noche en vela:
pupilas dilatadas, clavadas en el techo,
sudor en la frente para el frío de un verano,
apretando mandíbulas contra el sueño.

A la mañana siguiente,
yo no era el único que sufría
la resaca de un domingo cualquiera:
mi voz de molino oxidado,
como la peor de las drogas,
aún te quemaba en las venas.

Y una llamada
con el prefijo de tu provincia.
Risas sonoras
con tu mismo acento.

Yo callaba,
yo tan débil,
no tan débil como tú.

Como una condena

Velatorios, bautizos, cumpleaños,
una misma ceremonia y nada más.
En el pasillo, los espejos
te recuerdan: tú también
dejarás de ser bello,
no será sencillo volver a serlo.

Veinte años y un día -como una condena-,
77 kilos, un metro 93 centímetros
de cuerpo y bajo la piel
insondables océanos
de líquido viscoso
verdeamarillo.

Las mayores tragedias empiezan a veces
como una broma. Extirpo
la última hoja de mi almanaque
y me repito: nunca dejes
de ser así de bello,
sería imposible volver a serlo.

Hospital Naval de Cartagena

¿Qué tienes en los ojos, madre,
que no me deja ver?
Temprano partiremos
hacia la cara picada de la luna:
como ellas hicieron hace siglos,
así nosotros hoy.

¿Amaneció nublado, madre,
o es la noche todavía?
Euforia en dos tiempos,
vientos de 15 nudos al sureste.
No hay ruta posible de vuelta a casa.

No es que no me acuerde, madre,
es que no lo puedo olvidar:
las tres costillas,
los tres surcos que ahogan mi pecho,
las huellas urgentes del Buen Artesano
en el barro primero.

Llévame contigo, madre,
vámonos lejos de aquí:
nos espera ahí afuera el mar abierto.

Disciplina del ahora

En absoluto desacuerdo
con todo lo que antes os haya podido confesar,
beso labios extraños,
acaricio pieles distintas,
y, en fin,
echo horas a destajo
en el más digno oficio contra el invierno.

Hijos de Cantoblanco

Amemos más de lo que nunca nadie haya amado,
odiemos más de lo que nunca nadie haya odiado,
cocinemos a fuego lento el siguiente paso,
la huella del ayer será sólo un poema,
y el suspiro de la palabra ahora
irá tatuado en cada una de nuestras células.

Montemos fiestas suicidas y veladas poéticas,
ritos chamánicos y yeguas desnudas,
conozcamos menos ciencia que un animal,
busquemos un punto medio en mitad del alma
que nos lleve lejos
y un punto medio en mitad del cuerpo
que nos lleve cerca.

Resistamos hasta el final en la trinchera,
después huyamos sin vergüenza de la ciudad,
emborrachémonos con los ojos llorosos,
guardemos como oro en paño todo consejo,
borremos cada palabra que escribamos
y luego volvámosla a escribir.

Inventemos generaciones paralelas a ésta,
dejémonos la piel en cada conversación,
olvidemos viejos fracasos,
el miedo a caminar solos por este camino,
refugiémonos en la primera piel absurda
que nos de refugio.

Acostumbremos el cuerpo a horarios imposibles,
definamos el amor con criterios definitivos,
escuchemos cantar a todos los cantantes psicóticos,
movámonos bajo órdenes insanos,
y miremos de vez en cuando por la ventana
por si cruzara el verano
y no nos diéramos cuenta.

Almost blue


Lejana, la de los ojos salvajes
duerme tranquila,
consciente de que el paisaje será bello
mientras ella lo siga siendo.

La niña que lloró todo un día
en la playa de la ternura
ha crecido y ahora también duerme,
abrazada a otro cadáver caliente.

Murió el padre de la fugaz
y murió de pena el abuelo,
y yo cada mañana la bendigo
cuando la veo levantarse
a por el primer café.

Cansada de mí, casi tanto como yo,
la de los pechos pequeños y la mirada noble,
me besó,
cruzó el Mediterráneo,
y jamás la volví a ver.

Empapadas con mi sudor y con mi sangre y con mi semen,
duermen sus 8 horas las mujeres sin memoria.

Yo, mientras, sostengo con mis brazos el peso del Sol,
y me como a bocados una luna detrás de otra.

Me limito a verlas pasar, a las hermosas chicas desconocidas,
a aquellas que me han jurado nunca hacerme daño.

Y si quiero dormir, me duermo pensando
en canciones eternas y en labios infinitos.

Luego, casi triste, casi despierto,
me encomiendo al bueno de Chet Baker,
que viene y me dice:
créeme,
ya nada malo nos puede suceder.

Nada que ofrecer

Sus ojos
se parecían
a mis ojos
a mis labios
sus labios

pretendí ver
vetas de roble
en su mirada
niebla azul
al mediodía

confundí
agua y tiempo
una luz rota
me alumbró
hasta ayer

no te confundas
tú también
yo tampoco
tengo esta noche
nada que ofrecer.

Mundo enfermo (II)

No es más que una epidemia de niños esquizofrénicos,
la mayor que haya visto la Historia.
Una generación entera de mandíbulas paralizadas.

Cerrarán los ojos,
intentarán dormir,
y pronto se darán cuenta
de que no caben con su tristeza
en la misma cama.

Mundo enfermo (I)

No es justo el mundo,
hombres destrozados
por el mismo sentimiento,
mujeres incapaces
de besar.

Ya es tarde,
nunca lo ha sido,
mejor olvidarlo.

Ya es muy tarde,
ya es de noche en el mundo.

Mariposas disecadas (colección particular)

Yo no podía saberlo por entonces
pero, cuando teníamos 9 años,
le gustaba a una niña de mi clase.

Me enfermaron de adolescencia,
más tarde, los rizos rubios
que se sentaban delante mía.

También tenía primas, vecinas
y actrices de televisión.


Mi bisabuela, sin dejar una nota,
se marchó en Nochevieja.


Un beso secreto en pleno verano
te deja muerto hasta Febrero,
y malherido de por vida.

Abril me trajo a una mujer
que Julio me arrebató.

Y en Agosto, mi mejor amigo y yo,
supimos bajo la luna de Granada
a qué saben las amapolas de París.


A cientos de kilómetros de distancia,
mi madre no me ha dejado de llamar
ni un solo día.


Algunas noches, durante algunas horas,
comparto colchón y fluidos
con chicas que, al amanecer,
se arrojan por la ventana.

Nunca creí que llegara a confraternizar
con algún miembro del bando enemigo,
y ahora tengo una amiga.

En el tiempo que transcurre
entre parada y parada de metro,
unos ojos negros desde el fondo del vagón
no me dejan de mirar.


Ayer,
en el preciso momento
en el que las intentaba olvidar a todas ellas,
todas ellas me recordaron,
y sonrieron
a la vez.

Esta es mi casa

Este es el santuario
desde el que miro al cielo.

Al igual que yo,
está diseñada especialmente para albergar
en su interior cantidades ilimitadas
de noche, verano y vino.

También al igual que yo,
sabrá resistir todo tipo de humos y soledades.


Esta es mi casa, este es
el cuarto en el que duermo solo
cada noche.

Pero esta es mi casa, he dicho,
y esta es la casa de todo el que me quiera ver.
Me preocupo de cuidar bien a mis invitados:
siempre encuentran algo que beber
y el extraño consuelo que da
contemplar a un hombre desconsolado.

Esta es mi casa en llamas,
los escombros de lo que fui,
mi cuarto de alquiler.

Quise que fuera un templo
para todo el que llegara de lejos.


Ahora lo comprenderás todo:
esta es mi casa,
este soy yo.

Aquí yace mi tiempo.

No cruces este puente

Un horizonte acomplejado,
una fiebre que no tenga cura,
un amor sin pancartas.

Poco importan.

Una casita cerca del río,
yo enfermo de locura,
la lluvia, los días y su resaca.

Poco importan.

Sólo son espejismos,
lentes tintadas en el vacío,
una mota de polvo en la linterna del tiempo,

un viento lejano que sopla y sopla.

Insomnio (oración)

Susúrrame ahora
la canción del mar.

Abrázame este frío
con tus pupilas quemadas.

Y cúbreme con tu palabra,
hasta que la noche se aleje
y cambie de nombre la ciudad.

Tarántula rosa

Desde tu luz,
desde tu isla de seda
desciendes sobre mi noche,
tarántula rosa.

Desde lo oscuro,
una cosecha menor
para tu trenza de redes,
mujer hermosa.

Aquí te dejo
un verso paracaídas
para la lluvia de Octubre,
tarántula rosa.

Desde el vacío,
desde una calma ovular,
un amor que trepa y trepa
con pies de diosa.

Aquí te traigo
una canción pararrayos
para tus ojos sin nombre,
tarántula rosa.